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Los influencers son los que venden cosméticos

A Meghan Roark no le enorgullece mucho admitir que tiene una adicción: el maquillaje. Los influencers son los que venden cosméticos
Roark, de 27 años, quien trabaja en ventas minoristas en Abingdon, Virginia, estima que gasta 300 dólares al mes en cosméticos y productos para el cuidado de la piel. Ve al menos tres horas de tutoriales cada semana en YouTube.
 
Las jóvenes consumidoras como Roark están comprando y usando casi 25 por ciento más cosméticos que hace dos años y considerablemente más que las baby boomers, de acuerdo con la firma de investigación NPD.
 
La expansión en cosméticos es un oasis en lo que por lo demás es un entorno difícil para los minoristas y las compañías de productos empacados.
 
Se espera que los ingresos en Ulta Beauty, que vende tanto marcas de prestigio como de bajo precio y ha estado inaugurando unas 100 tiendas nuevas anualmente en años recientes, rebasen los 5,9 mil millones de dólares, comparado con 3,9 mil millones de dólares hace dos años.
 
Los ingresos en Sephora, parte del coloso de lujo LVMH Moët Hennessy Louis Vuitton, se han duplicado desde 2011.
 
Kylie Cosmetics, el minorista online donde Kylie Jenner, de 20 años, vende juegos de lápiz y delineador labial de 27 dólares y paletas de sombras “kyshadow” de 42 dólares, registró más de 420 millones de dólares en ventas en sólo 18 meses.
 
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Ulta Beauty ha crecido rápidamente en años recientes, al abrir cientos de tiendas nuevas. Una sucursal en Chicago. (Saverio Truglia para The New York Times)
 
Sus esfuerzos publicitarios consisten en gran medida de la cuenta de Instagram de Jenner, que tiene más de 99 millones de seguidores.
 
Las compañías de cosméticos están cambiando el presupuesto publicitario de la televisión tradicional y las plataformas impresas a Instagram y YouTube. Y las marcas que alguna vez hicieron sociedad con actrices o modelos para crear un nuevo tono de lápiz labial o rubor ahora están colaborando con estos influencers.
 
Cuando Ulta realizó un evento de convivencia en noviembre, en una tienda en Los Ángeles, con Jaclyn Hill, la personalidad de belleza de YouTube, casi 700 seguidoras esperaron afuera durante horas para conocerla.
 
Algunos de los primeros adoptantes de los medios sociales eran marcas más pequeñas que carecían de un presupuesto publicitario para una campaña tradicional.
 
En 2015, la marca independiente Becca Cosmetics hizo sociedad con Hill para crear un iluminador para ojos de 38 dólares llamado “Champagne Pop”. Las 25 mil unidades se vendieron en 20 minutos en Sephora.com. El año pasado, Estée Lauder adquirió a Becca en un trato con un valor reportado de 200 millones de dólares.
 
Lo que también ha cambiado es el apetito insaciable de los millennials por los medios sociales. En el último año, las reproducciones a nivel mundial de videos de belleza en YouTube aumentaron 60 por ciento, a 219 mil millones, de acuerdo con Pixability, una compañía con sede en Boston que da seguimiento a influencers y proporciona datos a marcas.
 
Los influencers también están siendo buscados activamente para patrocinios —posts en los que la marca le paga al influencer para, presuntamente, promocionar su producto.
 
No obstante, las marcas y los influencers caminan una línea delgada al tiempo que forman vínculos más estrechos. Los influencers de belleza que aumentaron su base de suscriptores al ofrecer reseñas sinceras se arriesgan a perder esa confianza si su audiencia cree que se les ha pagado para dar sólo opiniones favorables.
 
Gabriel Zamora, un blogger “chico de belleza”, de 24 años, de Los Ángeles, dijo que tiene relación con unas 20 marcas. Explicó que en su mayoría recibe productos gratis de las compañías y ha sido selectivo respecto a sus promociones pagadas. Este año, Zamora hizo equipo con Mac Cosmetics, propiedad de Estée Lauder, para su propio lápiz labial.
 
Fuente: clarin.com
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A Meghan Roark no le enorgullece mucho admitir que tiene una adicción: el maquillaje.
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Realizada del 19 al 21 de Agosto en el Hotel Holiday Inn Rosario
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Rosario, Santa Fe, Argentina